La piedra colorada.

Una historia sangrienta.

Todo nació con una apuesta.

EL MISTERIO DE LA PIEDRA COLORADA
Noelia Luján Perdomo Moure
Diciembre de 1988


¿Cuántas veces me pregunté de dónde venía? ¿Cuál era su historia?

Desde chica cuando tenía aproximadamente cinco años, cada vez que veníamos de la Playa Ubici con mi padre, me adelantaba corriendo para treparme un ratito en ella.

Estaba tan solitaria al borde de la calle, rodeada de campo y sin ninguna piedra similar a su lado, que parecía haber provenido de la nada.

Sin embargo, ella, la “piedra colorada” (porque es el nombre con que el pueblo la conoce), ha sido testigo secreto de múltiples hechos que nuestra sociedad aún no sabe.

La historia de cómo llegó allí dio lugar a varias versiones por parte de los habitantes de Fray Bentos, pero es una realidad que fue traída en base a una apuesta.

En el 1900, a pocos kilómetros de donde está ahora la explanada del puerto, había una cantera de piedras coloradas donde el dueño tenía a su cargo varios peones que se encargaban de cortar estas piedras que luego llevaban a las construcciones.

De allí mismo se dice que provinieron las piedras que rodean la fuente de la Plaza Artigas. ” o “Punta Catalana”.

Fue allí que un día, don Gregorio Zapata y algunos de sus compañeros de trabajo decidieron apostar al patrón que podían arrastrar esta piedra a dos kilómetros de la cantera.

La apuesta se puso en práctica. El patrón decidió pagarle dos pesos de aquel tiempo si se cumplía con la misma.

De acuerdo a la época, con dos pesos se podía comprar una vaca, ya que lo máximo que llegaba a ganar un peón por día eran cincuenta centésimos de ahora.

Aprovechando su ingenio al máximo, decidieron perforar la piedra en el centro con una barreta (que era una especie de barra de hierro con punta filosa), ya que en ese momento no existía el taladro. Pasaron por la perforación una barra de hierro que ataron a una yunta de bueyes para que fuera cinchada.

Desde la cantera hasta el lugar donde hoy se encuentra, era todo campo así que tuvieron que solucionar también el problema de los obstáculos que el terreno presentaba para su traslado.

Arrastrando aproximadamente dos kilómetros (cálculo que hicieron a ojo) la dejaron en el lugar para cobrar la apuesta.

Si bien esta cantera actualmente no existe, aún en las costas hay piedras similares, de igual tamaño que “la piedra colorada”, al igual que tantas otras que habrán sumergidas en el agua. Porque en esa época el río era más angosto y no llegaba a tocar las barrancas como hace ahora.

También si observamos detenidamente la piedra, aún podemos notar la presencia del hueco aunque está tapado con restos de piedras y tierra que se ha petrificado, nos demuestra claramente de que cuando llegó allí estaba perforada.

El hecho de cómo llego allí fue revelado por el mismo señor Zapata a un vecino de Fray Bentos alrededor de 1950.

Anteriormente no se conocía porque al ser todo campo, había muy pocas casas en ese lugar. Sólo un camino que comunicaba las diferentes chacras, lo que ahora es calle Lowry y el camino que va hacia la Playa Ubici, en donde había una estancia.

Además de ser testigo de su propia historia, también fue testigo de un hecho de sangre que terminó con la vida de dos grandes amigos como fueron don Juan Etchezar y Pedro Sosías.

El lamentable episodio se produjo el domingo 26 de diciembre de 1933 a raíz del enfrentamiento en una carrera de caballos.

Ambos, hombres de familia con numerosos hijos que criar.

Juan Etchezar, vivía en las inmediaciones de Las Barreras y era dueño de un almacén próximo a la ciudad.

Pedro Sosías, tenía una estancia cerca de la Playa Ubici.

A raíz de la disputa en la carrera de caballos, Etchezar se dirigió a su comercio en busca del arma que allí guardaba.

Avisó a su hijo mayor que por entonces tenía catorce años que cerrara y se fuera a la casa con su madre.

Mientras tanto Sosías se encontraba en el Bar de don José Onetto (actualmente Casa Bartelloni).Allí compró unos comestibles y le dijo al cantinero que ésta sería la última vez que vendría a comprar porque estaba seguro que Etchezar le esperaría para matarlo.

La verdad que éste tenía razón.

A la tardecita cuando Sosías regresaba a su casa, en la misma “piedra colorada”, Etchezar le estaba esperando.

Sosías antes de que Etchezar lo atacara, con su pequeño cuchillo lo apuñaló abriéndole el abdomen, haciéndole caer sobre la piedra.

A pesar de que estaba oscuro, Etchezar puntó con su revólver a Sosías dándole un balazo en el medio de la cabeza.

Según relata mi abuelo, el tenía 8 años cuando sucedió el hecho y a esa hora él se dirigíoa a caballo hacia una estancia cercana a buscar hinojo para espantar lkos piojillos de las gallinas.

En ese momento mi abuelo sintió el tiro pero no le prestó atención. Cuando iba llegando al lugar del hecho sintió el comentario de la muerte.

Lo único que alcanzó a ver fueron dos cuerpos tirados en el piso, cubiertos por una sábana y la “piedra colorada” toda ensangrentada.

Todo esto dio lugar a la imaginación de las personas; las mujeres de ambos debieron de enfrentar solas criar a sus hijos y superar el dolor de la muerte de sus esposos y esperar el hijo que llevaban en sus entrañas ya que ambas estaba encintas.

Poco a poco la “piedra colorada” se transformó en un símbolo de nuestra cultura y en un punto de referencia para la ciudad ya que como ahí misma me ha pasado, cuando un argentino pregunta cual es la salida hacia el puente General San Martín, le explico que doble cuando a su izquierda vea una “piedra colorada”.

Durante los gobiernos blancos la han pintado de blanco y en los gobiernos colorados se quita la pintura volviendo a su color inicial.

Es un símbolo de respeto, pues nadie hasta ahora se ha atrevido a sacarla del lugar.

En estos momentos considerada una reliquia histórica será la atracción principal de la plazoleta que allí se está construyendo.

Llegando ya casi a los cien años de su estadía en ese lugar, los niños (entre ellos mis hermanos pequeños) siguen repitiendo la misma hazaña mía y de otros niños hace ya diecisiete años.

Images

Map